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domingo, 21 de julio de 2013

Video informativo Bullying para niños  
Paz escolar


Una lucha por convivir en paz...


martes, 21 de septiembre de 2010

¡Educación hoy, fracaso!

EDUCACIÓN EN COLOMBIA...
¡Cualquier parecido en Colombia con esta realidad, es pura coincidencia!
Y se vive con la obsesión, de buscar CALIDAD EDUCATIVA...
Con leyes, decretos, ordenanzas, tutelas que amparan la mediocridad,
el irrespeto, la vagancia...
Y las fallas, culpabilidad y fracasos, siempre
le es achacada a los MAESTROS!

¿La seguiremos patrocinando?

sábado, 18 de julio de 2009

¿PORQUÉ GRITAR AL NIÑO?

GRITAR Y SUS CONSECUENCIAS
Por: Óscar A. Campuzano G.

Siempre que se habla de maltrato infantil la imagen que viene a nuestras cabezas es la de un padre o madre golpeando a su hijo, sin embargo hay otro tipo de maltrato que no deja huella física pero sí psicológica, el llamado maltrato psicológico.
Un reciente estudio llevado a cabo por científicos muestra que no hace falta pegar a un menor para dejar señales de por vida en su personalidad, sino que basta con gritarle.
Los científicos revelaron que no esperaban los resultados obtenidos. Según comentó la directora del estudio: “Esperábamos que la exposición a la violencia física dejara cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia tuviera efectos en la vida adulta”.Según comentaron las consecuencias incluyen problemas de salud mental, concretamente depresión y abuso de alcohol y sustancias. Son personas más descontentas con sus vidas y sufren incluso una mayor tasa de desempleo.
Analizaron cómo este tipo de agresiones influían en la vida de las personas al llegar a la edad adulta (30 años) y valoraron la salud mental, el estado psicológico, el puesto laboral, la salud física y la historia familiar.
De los sujetos estudiados un 75% reconoció que había vivido conflictos verbales y un 62% afirmó haber sufrido violencia física (que no es poco en ninguno de los dos casos).
Los resultados dicen que las personas que vivieron bajo insultos tienen un riesgo tres veces mayor de padecer un trastorno psiquiátrico a los 30 años que los que vivieron en familias estables.
Si la agresión es física el riesgo de problemas a nivel psicológico y de insatisfacción laboral y personal es mucho mayor.

“Es necesario crear programas preventivos precoces para los niños y niñas, así como fomentar la buena comunicación entre padres e hijos”.
Siendo sincero, creo que no era necesario un estudio para concluir que los gritos forman parte de un modo de expresión violento que puede resultar intimidante y que puede afectar a la personalidad de los niños.Personalmente añadiría otros factores a los gritos que seguro que también hacen mella (quizás incluso más) en la personalidad de los niños, pues no hace falta, de hecho, gritar para menospreciar a una persona. Ignorarla (no hacer caso a las peticiones, a los llantos, a las llamadas,…), hacerla sentir inferior, reírse de ella, etc. forman parte del amplio abanico de recursos que utilizan muchos padres para “educar” a sus hijos.
No quiero acusar a nadie. El que esté libre que tire la primera piedra. También yo he gritado a mi hija en algún momento y seguro que la mayoría de padres lo hacen.
Es normal, forma parte de la herencia educativa que nos llegó de nuestros padres y de nuestros profesores. Cuesta demasiado desprenderse de lo aprendido desde la infancia.
Repito, es habitual gritar a los niños, pero eso no quiere decir que esté bien, debemos aprender a no hacerlo (y contar hasta diez) pues merecen ser tratados como las personas que son. Un “siento haberte gritado”, muestra que papá y mamá también somos humanos.
Cuando gritar es peor que pegar

Los padres les levantan la voz a sus hijos mucho más de lo que les levantan la mano. Pero algunas palabras pueden tener un impacto tan perjudicial como lo tienen los golpes.
Una madre como las que se ven por las zonas de juegos de los centros comerciales los fines de semana, a gatas persiguiendo a sus hijos, es una víctima fácil de los gritos como herramienta de crianza.

El padre camina unos pasos atrás y en vista de la actitud de la criaturita (que ignora olímpicamente a su madre), le llama la atención con voz recia. Se les ve en la cara y en sus gestos (a los padres), que están al borde del grito. Probablemente estén cansados de tener que decir todo 5 veces, por eso a la sexta, la voz sube de tono, y si no fuera porque no están en casa, el grito sería de narrador de fútbol.

Claro, y eso tiene sus consecuencias. Los hijos se acostumbran a este método y se pasan por la faja los primeros llamados y solo reaccionan cuando saben que lo que sigue es un grito.
Esta familia ficticia no es para nada fuera de lo ordinario. Al contrario, así pasa en muchas casas; es lo que muchas madres y padres hacen todos los días.
Nueva generación?
Hoy hay una generación completa de padres que creció en la era de los castigos físicos y que por lo mismo juró que nunca le pegaría a sus hijos. El problema es que el esquema de ira y frustración que sustentaba el viejo modelo de los correazos y los coscorrones no despareció mágicamente solo porque una generación de padres bien intencionados así lo quiere. Ahora la ira no lleva a los golpes como antaño, pero a menudo lleva a los gritos. Y ese simple hecho de levantar la voz, dependiendo de qué se dice y qué tan a menudo se dice, puede tener el potencial de causar daño a largo plazo.
De acuerdo con un estudio, el 74% de los padres encuestados reportó gritarle a sus hijos, y no una o dos veces. La mayoría dijo que lo había hecho más de 275 veces durante el último año. Estos números pueden ser más altos porque el estudio requería que fueran los mismos padres los que denunciaran su comportamiento, un comportamiento del que probablemente no se enorgullecen o que ocurre tan a menudo que lo olvidan o lo dan por corriente o normal o aceptable.
Para no irse por las ramas, los gritos son parte de la vida ordinaria de muchos hogares. Llamar de un grito a un niño que juega en un parque o que está en el lado opuesto de la casa, quizás no le haga ningún daño duradero.

Gritarle a un niño que está a punto de hacer algo peligroso puede asustarle, pero no se hace para dañarlo, sino para protegerlo. Y si una familia es por costumbre bullosa y sociable, los gritos serán la norma.
Pero cuando una madre o un padre están cara a cara frente a su hijo gritándole con evidente ira o frustración, los expertos en crecimiento y desarrollo se preocupan por el impacto que semejante evento de agresión sicológica pueda tener. En esos momentos algunos padres pierden el control y aunque puede que no golpeen físicamente, las palabras que le dicen a un niño, especialmente si esas palabras incluyen insultos y amenazas, pueden causar un daño duradero.

Sí y no del grito
Cualquier padre sabe la frustración que se siente, y el deseo de gritar, cuando se ha pedido por enésima vez que arreglen el cuarto, o que boten la basura, o que no rayen las paredes, sobre todo cuando nada de esto se cumple.
Pero de aquí se deriva una pregunta interesante: En circunstancias parecidas, ¿Se le grita a un compañero de oficina?, ¿Al empacador del supermercado que puso el pan tajado en la misma bolsa con la lata de verduras?, ¿Al jefe?... Probablemente no, entonces, ¿Por qué hay quienes piensan que está bien gritarle a los niños?
Parte de la respuesta está en que hay normas culturales implícitas que hacen ver como aceptable gritarle a los niños y al mismo tiempo lo impiden con los compañeros en el trabajo.
Cambiar la cultura en este aspecto en particular significa reconocer que gritarle a los niños es tan equivocado como gritarle a los compañeros de la oficina. Si ese mensaje le llega a la gente, con seguridad buscarán alternativas en casa porque habrán entendido que gritarle a los niños es incorrecto.
Algunos padres usan el método de los hijos para manejar los gritos, por eso si alguien les grita, pues le ignoran, simplemente no escuchan; y los hijos adolescentes les gritan a sus padres, o por lo menos les refunfuñan (y los padres los ignoran). Por eso los adultos (los padres) deben mantener el control aún cuando están molestos.
Muchos padres están de acuerdo con estos puntos de vista y aceptan que no se les debe gritar a los hijos para corregirles o controlar comportamientos indeseados, pero son muchos también los que dicen que está bien un grito de advertencia cuando un niño va a hacer algo potencialmente peligroso. Se trata de levantar la voz para llamar la atención, no para agredir o insultar. El lenguaje degradante no se debe usar con los niños.
Esa es la clave, el contexto en el que se dicen las cosas. Decirle a un niño que no vale nada, que es inservible, es diferente que llamarle la atención con voz recia para que recoja la ropa sucia. El daño se hace cuando se ataca el yo interno de un niño o su autoestima con expresiones como “ya no te quiero” u “ojalá no te hubiera tenido”.
Ineficacia educativa de gritos e insultos¿Podremos distinguir claramente entre conductas que ofenden y hieren a los demás y conductas que no hieren?Entre las conductas que hieren psicológicamente a los demás están los gritos desaforados y descontrolados y los insultos. Su carga de agresividad se detecta fácilmente porque el fin es causar daño, dolor o desprecio de uno mismo en el otro.
Expertos en el tema afirman que los humanos somos esencialmente distintos de los seres no humanos en lo que se refiere a la agresión, ya que el aprendizaje juega un papel muy importante en nuestra conducta agresiva.
La visión de objetos que van asociados con la violencia (cuchillos, pistolas) incrementan dicha conducta, y no menos la visión de un rostro desencajado lleno de furia y de odio, así como los gritos desaforados y los insultos repetidos machaconamente por quien ha perdido el control de sí mismo.
El precio del grito
Todo castigo que incremente la frustración y el desprecio de uno mismo resulta ineficaz, pero más ineficaz resulta todavía convencerse de que la persona que castiga, grita o insulta lo único que pretende es satisfacer el odio que siente por nosotros haciéndonos mal de manera directa o indirecta, es decir, consiguiendo que nos sintamos seres despreciables.
Para la mayoría de los niños y adolescentes, una mirada furiosa, cargada de odio y de desprecio, así como las expresiones humillantes manifestadas en voz alta o a gritos son el castigo más severo que se le puede aplicar. Su sistema nervioso queda tan impresionado y sobrecogido por la carga emotiva de esas expresiones insultantes y por la imagen descontrolada y retorcida del rostro que acentúa y recalca dichas expresiones gritadas más que pronunciadas, que se sienten incapaces de pensar en ser mejores o en corregirse.
Puede producirse la sumisión y el sometimiento instantáneo o reacciones violentas del mismo signo y virulencia que las que está empleando la persona que grita e insulta de manera incontrolada y repetitiva. En estos casos las consecuencias psicológicas casi siempre son nefastas y dramáticas para el que al final pierde, que siempre es el niño o adolescente rebelado, que no supo callarse y someterse aguantando gritos, improperios e insultos de todo tipo.

A partir de ese momento es doblemente tachado de indeseable, insumiso e irrespetuoso por quien grita e insulta. Por una parte tiene el sentimiento de culpa por haberse rebelado contra el padre o la madre, y por otra se siente desgraciado rumiando sin cesar las expresiones de odio que a voz en grito le han repetido hasta la saciedad sus padres.
Vemos que, en cualquier caso, tanto si los gritos e insultos producen en el sujeto ofendido sumisión como si producen una reacción agresiva (calcada de la persona que humilla y ofende), lo que difícilmente producirán es la interiorización, es decir, la reflexión serena y convencida que le lleve a corregir su modo de proceder por convicción, que al fin y al cabo es el objetivo que se ha de lograr en la modificación de toda conducta negativa.
Conductas inadecuadas
Hay varias «señales de alarma» que indican que nuestras actitudes no son las adecuadas:
1. Pérdida de la naturalidad expresiva, la confianza y la comunicabilidad, de manera demasiado brusca.2. Disminución del sentido del humor y de las expresiones desenfadadas y aumento rápido de la irritabilidad y, al mismo tiempo, regresión a la pasividad y abandono de responsabilidades.3. Ausencia del respeto a los hijos, al tiempo que ellos nos imitan, elevando demasiado la voz y respetándonos poco o nada.4. Transmisión al hijo de inseguridad y baja estima de sí mismo, que admite que es una calamidad como estudiante, como persona, etc.
Alternativas válidas
Acabamos de ver que la excesiva severidad, los comportamientos agresivos, las humillaciones, los insultos y el hacer que el niño se sienta como un ser despreciable, no son una manera eficaz, inteligente y humanitaria de modificar las conductas.

Ya hemos dicho en otro lugar, que la buena conducta es algo que debe aprenderse, que no se adquiere de modo natural y que los niños aprenden a comportarse observando el ejemplo que reciben de sus padres, hermanos, parientes, vecinos, amigos y profesores.

También recordamos que la palabra «disciplina» significa aprendizaje y que mediante la buena disciplina es como debe enseñarse a los niños a comportarse de manera adecuada.
En cuanto a las características de una buena disciplina para que sea eficaz, es decir, para que eduque y haga posible la interiorización o reflexión serena y voluntaria sobre la propia conducta que hay que corregir, la mayoría de los autores señalan las siguientes:
Inmediata, coherente, segura, de fácil aplicación, adecuada a la edad del niño, justa, positiva (ofrece ayuda y alternativa), no debe ser humillante ni conducir a la infravaloración o el autodesprecio, firme pero cargada de amor y comprensión, que no produzca distanciamiento en las relaciones de los padres con los hijos.
En la práctica reprender no es discutir y se ha de hacer siempre en privado. El acto de reprensión no debe ser interrumpido, una vez iniciado, hasta haber completado todo el proceso de corrección.Hay que procurar estar físicamente muy cerca del niño o del adolescente y expresar lo que se siente ante su mala conducta, con verdadero enfado, pero sin gritar. Se ha de reprender la conducta, pero no al niño. De manera muy clara hay que expresar lo enfadado que se está, pero sin gestos de odio, sin ira incontrolada y sin despreciar ni humillar. Esta reprensión y enfado deben ser bastante intensos, pero de corta duración. En ningún caso se ha de perseguir todo el día al niño o adolescente machacándolo por su conducta... por eso fuera la cantaleta!
Una vez finalizada la reprensión se abraza al niño y, con rostro sonriente, se le anima a corregir su proceder en adelante. Se le invita a manifestar cómo se siente y a establecer un breve diálogo sobre lo ocurrido y lo que piensa hacer en el futuro para comportarse mejor.
¿Será muy difícil? o harás la aseveración de siempre...
¡Si fuera así de fácil!

¿CASTIGO FÍSICO O CORREGIR?

El castigo debe ser empleado para mejorar la conducta del niño
¡La violencia y el maltrato No! 
Por: Óscar A. Campuzano G.

Todo acto de violencia por parte de un adulto contra un niño, sin tener en cuenta lo breve o leve que sea, deja una cicatriz emocional que dura para toda la vida. Podemos demostrar esto hasta cierto punto mediante nuestra experiencia personal. La mayoría de nosotros admite que los recuerdos más vívidos y más desagradables de la niñez son aquellos en los que fuimos lastimados por nuestros padres. Para algunas personas el recuerdo es tan desagradable que hacen como si fuera algo trivial o hasta divertido. Notará que sonríen cuando describen lo que les han hecho, es por vergüenza y no por placer que lo hacen. Como un medio de protección contra el dolor que sienten en el presente, disfrazan el recuerdo de los sentimientos del pasado.
En un intento por negar o restarle importancia a los peligros inherentes a dar nalgadas, muchas personas que lo practican razonan que: “Dar nalgadas es muy distinto del maltrato,” o “Una palmadita en las nalgas nunca le hizo mal a nadie…”
¡Pero se equivocan!
Asimismo, los padres informados sobre este procedimiento, reconocen que el dar nalgadas a los niños es como exponerlos a una toxina peligrosa: no tiene ningún resultado positivo y el riesgo es muy serio.Pero algunos padres de familia preguntan: “¿Cómo puede decir que es un padre de familia responsable si no agarra al niño que está a punto de salir corriendo a cruzar la calle y no le da una buena paliza para que recuerde su advertencia sobre los peligros de la calle?”
En realidad, darles nalgadas a los niños los pone en un estado de confusión emocional fuerte, lo cual les hace difícil aprender las lecciones que los adultos dicen que están tratando de enseñar. El darles lo que se llama una “buena paliza” en realidad puede servir al adulto para desahogar su enojo, pero a expensas de que sea el niño quien sienta el enojo. Mientras que el alivio del adulto es temporal, el efecto causado en el niño es permanente. Las palizas no enseñan a los niños que los automóviles y los camiones son peligrosos, sino que les enseña que son los adultos, de quienes ellos dependen, los peligrosos.
Se ha perdido la confianzaEl niño golpeado es menos capaz de considerar al padre de familia como una fuente de amor, protección y consuelo esenciales para el desarrollo saludable de todos los niños. En los ojos de los niños, los padres ahora parecen ser la fuente de peligro y de dolor. El resentimiento y la falta de confianza que son el resultado de las palizas, sabotean el sentimiento de cariño del niño por los adultos más importantes en su infancia. El niño que ha sido traicionado de esta manera, así como el niño que ha sido privado de la comida, el calor o el descanso adecuados, sufren y no madura de la mejor manera posible.
Las amenazas
Algunos padres de familia raramente les pegan a sus hijos o nunca lo hacen, pero siempre los amenazan con hacerles cosas terribles. “Si no te callas mientras estoy al teléfono, te voy a cerrar la boca cosiéndotela con una aguja bien grande,” o “Mejor que te cuides o alguien te va a cortar los dedos. Eso es lo que les pasa a los niños que andan tocando las cosas de los demás.” o “si coges lo que no te pertenece voy a coger una piedra y te machaco los dedos” Para ellos es más fácil manejar a los niños de esta manera, por lo menos temporalmente y a edades tempranas esto resulta “efectivo” pero no enseña.Por esto, al principio, mientras los niños creen las amenazas de los mayores, obedecen por miedo. Pero pronto aprenden a disimular y a mentir con el fin de evitar los terribles castigos que ellos creen que les van a dar. Más adelante, cuando descubren que son amenazas vacías, llegan a la conclusión, correcta por demás, que los adultos también son mentirosos.
Cuando se deteriora la confianza entre los niños y las personas que los cuidan, también se deteriora la capacidad de los niños de formar relaciones basadas en la confianza con otras personas. Esto los puede hacer menos capaces de alguna vez lograr una relación de cooperación o de intimidad con otros. Las personas que han sido lastimadas de esta manera tienden a ver a todas las relaciones como una negociación, como tratos que se ganan o se pierden. Ven a la honestidad y la veracidad de los demás como una debilidad que se puede explotar, exactamente como se lo hicieron a ellos.La fuerza
Las palizas les enseñan a los niños que la interacción humana se basa en la fuerza, que el que tiene más fuerza está en lo correcto. Cuanto más se golpee a un niño, será más probable que como adulto él se relacione con otros mediante la fuerza y no por la razón o el buen ejemplo.
¿Qué tipo de persona estamos describiendo?Se trata del matón, se trata del violador, se trata de quien le pega a su mujer, se trata del charlatán, del tramposo, del estafador, del pillo, cada uno de ellos es esta persona. Y también lo son los cobardes y los parásitos quienes obtienen su poder por medio de otras personas como las que acabamos de poner en lista.
Las agresiones conyugales y el maltrato de los niños

viernes, 26 de junio de 2009

RUEGO ESCOLAR...

¿MAESTRO LO HAS PENSADO?

LO QUE EN SILENCIO TE DICE UN ESTUDIANTE...
Por: Óscar A. Campuzano G.










Carta de un alumno a su maestro...

Enséñame cómo aprender y no qué aprender; enséñame a pensar y no tan sólo qué debo pensar. Así desarrollaré mi inteligencia y no simplemente mi memoria...
No me regañes delante de mis compañeros. Me haces sentir humillado y temeroso de ser rechazado por ellos... Aceptaré mejor tus correcciones, si me las haces calmadamente y en privado...

Señálame mis cualidades y reconoce mis habilidades... La confianza que así desarrollo en mis capacidades me anima a esforzarme y me hace sentir valioso y adecuado...

No me insultes con palabras, ni con gestos despectivos... Me haces sentir menospreciado y sin ánimo para corregir mis faltas o debilidades...

Ten en cuenta mi esfuerzo y mi progreso, no sólo el resultado final... A veces con poco esfuerzo logro mucho..., pero es más meritorio cuando pongo todo mi empeño, así logre poco...

No me examines procurando rajarme, ni te ufanes de haberlo logrado... Mis notas deben reflejar mi desempeño y no lo harán si las utilizas para desquitarte... Anota lo que hago bien y no sólo lo que está mal...

Cuando subrayas mis éxitos y no mis fracasos, me siento motivado a seguir mejorando... Cuando me corrijas o me disciplines, hazlo sin maltratarme física o emocionalmente...

Si atacas mi persona o mi personalidad, deterioras mi autoestima y no mejoras mi disciplina...

Confía en mí y demuéstrame tu confianza...

Cuando me repites la misma cosa una y otra vez, me doy cuenta de tu desconfianza y esto me precipita a fracasar... Trátame con cariño, cortesía y respeto...

En esta forma te admiraré y, por lo desarrollaré un profundo respeto por

No me amenaces, pero si lo haces, cúmplelo!...

Si no cumples lo prometido, aprenderé que, haga lo que haga, siempre puedo salir eximido...

No me ruegues ni me implores que me porte bien... Te obedeceré cuando me lo exijas con firmeza y sin hostilidad...


Procura hacer clases amenas e interesantes, en las que yo pueda participar... ¿Sabes? Me aburro cuando todo es rutina, sólo tú hablas y yo nada puedo aportar...


Cuando te haga preguntas, no me digas "Eso ya lo expliqué"... A veces tus explicaciones no son claras o suficientes para mí...

¡Si pregunto es porque quiero entender y aprender!...

No tengas preferencias...

Cuando alabas a unos e ignoras a otros, deterioras nuestras relaciones y haces de mis compañeros mis enemigos...

Cuando me criticas para corregirme, me defiendo y no acepto mis defectos...

Sólo si acepto mis fallas, podré tratar de corregirlas... Ten en cuenta que aprendo más de quien aprecio que de quien me desprecia... Y tú muy posiblemente tienes hijos estudiantes como yo!
No aceptes mis excusas ni mis ruegos por el incumplimiento en mis tareas. Cuando debo asumir las consecuencias de mis faltas, aprendo a responsabilizarme por mis deberes... Pero no me humilles por lo que no me han enseñado!


Escucha lo que te digo con atención e interés... Si me ignoras o me callas, o lo comentas a tus compañeros despectivamente para que ellos después me tengan "fichado". cuando trato de expresarme, entiendo que mis ideas son tontas y que, por lo tanto, mi inteligencia es corta... y aparte de eso me ignoras!


No me compares con mis compañeros, ni con mis hermanos en años anteriores...

Recuerda que no soy, ni puedo ser igual a nadie y que, aunque no tengo las mismas, también poseo grandes cualidades...
Trata de conocerme y de apreciarme como persona... recuérdalo!... como persona..., puesto que si hablas de mí en la sala de maestros como una persona insoportable, por mis errores, por mis problemas de aprendizaje o por mi comportamiento, muy posiblemente, todos tus compañeros profesores te darán la razón...

Conociendo mis habilidades particulares podrás ofrecerme oportunidades para triunfar... Al sentirme capaz e importante para ti, crecerá el concepto que me forme sobre mí...


No modifiques las buenas calificaciones que he obtenido porque me he portado mal...
¿Qué tiene que ver lo que aprendo con mi disciplina?
Te lo aseguro que he visto niños que se portan bien, pierden la signatura y tú no los pasas por su exclente disciplina...eso me confunde!

Ayúdame a desarrollar mis cualidades y no simplemente mis capacidades...y por favor ten en cuenta que...


Antes que un buen estudiante, debo ser un buen ser humano...!
Me comprendes?

jueves, 4 de junio de 2009

ERRADICAR EL MALTRATO ESCOLAR









VIOLENCIA ESCOLAR

Intimidación escolar, Acoso, Agresión y Persecución escolar entre pares

BullyingPor Óscar A. Campuzano G.

Bullying es intimidación. Infelizmente, es una palabra que está de moda debido a los innumerables casos de persecución y de agresiones que se están detectando en las escuelas y colegios, y que están llevando a muchos escolares a vivir situaciones verdaderamente aterradoras.
El Bullying se refiere a todas las formas de actitudes agresivas, intencionadas y repetidas, que ocurren sin motivación evidente, adoptadas por uno o más estudiantes contra otro u otros. El que ejerce el bullying lo hace para imponer su poder sobre el otro, a través de constantes amenazas, insultos, agresiones, vejaciones, etc., y así tenerlo bajo su completo dominio a lo largo de meses e incluso años. La víctima sufre agresiones en la mayoría de los casos. El maltrato intimidatorio le hará sentir dolor, angustia, miedo, a tal punto que, en algunos casos, puede llevarle a consecuencias devastadoras como el suicidio.
Casos concretos de Bullying
En Colombia se estima que un 7,6% de los niños y jóvenes estudiantes sufren por este fenómeno de manera constante y que un 15,7% lo vive esporádicamente. Una encuesta del ICBF eleva el porcentaje de víctimas de violencia física o psicológica habitual a un 23% de los alumnos. Y afirma que un 19% de los niños y jóvenes encuestados reconoce que ha participado en exclusiones de compañeros o en agresiones psicológicas.

Estudios señalan que en 15.9% de los alumnos reconoce que algún compañero le pega, mientras que otros indican que un 69% de los estudiantes dice ser insultado o criticado en el colegio, y que un 33,4% confiesa haber pegado a sus compañeros.
¿Cómo saber si un alumno sufre Bullying?

La mayoría de las veces los padres y profesores son los últimos en enterarse de lo que les ocurre a los chicos.


La vergüenza o el miedo a las represalias son los principales motivos, Si descubre en sus alumnos, alguno de estos signos, actúe…

Esperar a que el asunto se arregle sólo, no sirve de nada…
Aquí les presento algunas señales de alarma:

Como padres debemos estar atentos a:
- Cambios en el comportamiento del niño.
- Cambios de humor.
- Tristeza, llantos o irritabilidad.
- Pesadillas, cambios en el sueño y /o en el apetito.
- Dolores somáticos, dolores de cabeza, de estómago, vómitos.
- Pierde o se deterioran sus pertenencias escolares o personales, gafas, mochila, pantalones rotos, pérdida del estuche, etc. de forma frecuente.
- Aparece con golpes, hematomas o rasguños, dice que tiene frecuentes caídas o accidentes.
- No quiere salir, ni se relaciona con sus compañeros.
- No acude a excursiones, visitas, salidas pedagógicas etc, del colegio.
- Quiere ir acompañado a la entrada y salida.
- Se niega o protesta para ir al colegio.

Como educadores estar atentos a:
- La relación de los alumnos y alumnas en los pasillos, salones y en el patio... En el recreo. En otras zonas. No olvidemos que los peores momentos se sufren cuando los profesores no están presentes.
· Las “pintadas” en las puertas de baños y paredes (Qué nombres aparecen habitualmente.)
· La no participación habitual en salidas del grupo.
· Darle importancia a las risas o abucheos repetidos en clase contra determinados alumnos o alumnas.
· El hecho de hacer cosas de carácter anormal en un momento circunstancial en algunos alumnos puede indicar que no quieren acudir por miedo y que no se atreven a decirlo sobretodo, cuando ese ausentismo sea de un alumno que haces cosas para ser castigado y así no estar en algunas actividades de grupo.
· Estar atentos a aquellos alumnos que sean diferentes. Por su forma de ser o aspecto físico.
· Se queja de forma insistente de ser insultado. Agredido. Burlado...
· Si comenta que le roban sus cosas en el colegio o si cada día explica que pierde su material escolar, les faltan materiales, libros... con frecuencia.
· Investigar los cambios inexplicables de estados de ánimo. Tristeza. Aislamiento personal...del alumno o alumna. La aparición de comportamientos no habituales. Cambios en su actitud: se muestra triste. Poco comunicativo. Lágrimas o depresión sin motivo aparente.
· Escasas o nulas relaciones con los compañeros/compañeras.
· Evidencias físicas de violencia y de difícil explicación, moretones, rasguños o cortaduras cuyo origen el niño no alcanza a explicar, ropa rasgada o estropeada, objetos dañados o que no aparecen.
· Quejas somáticas constantes del alumno. Dolores de cabeza, de estómago o de otro tipo cuya causa no está clara.
· Accesos de rabia extraño.
· Variaciones del rendimiento escolar, con pérdida de concentración, aumento del fracaso.
· Quejas de los padres que dicen que su hijo no quiere ir al colegio.


No olvidemos estos consejos que pueden ayudar a los protagonistas de este drama, y no olvidar que son las víctimas en primer lugar pero también los acosadores y espectadores que necesitarán ayuda urgente.

Algunos consejos prácticos que los
chicos espectadores deben saber:- ¿Sabías que si alguien que esté presenciando una agresividad dice «¡Basta ya!», en la mitad de los casos se termina la agresividad? Eso es difícil de hacer, pero es importante resaltar. Estarse ahí parado y no hacer nada es aprobar la agresividad... Eso te iguala al agresor mismo.- Decirle al agresor que pare, por ejemplo: «¡Para, ya está bien!». «¡Eso no es gracioso!». «¿Te gustaría que alguien te hiciera lo mismo?» Haz que el agresor sepa que lo que está haciendo es estúpido y malo.

· Si sientes que no puedes decir nada, vete del sitio y díselo al adulto más cercano, Haz que vaya a ayudar, ¡Eso no es acusar! Y ojo, que el adulto o profesor vaya en su ayuda!
· Si ves a alguien que sufre una y otra vez las agresiones de otros, sea esa persona, tu amigo, hermano o compañera de clase, puedes hacer mucho para terminar esa situación.· Si el colegio tiene un programa de informe de agresiones, como una línea de teléfono especial o un «buzón de agresores», o un E-mail, úsalo.
· Haz que la víctima se lo cuente a sus padres o a un maestro. Ofrécele que vas con ella si eso le ayuda.· Si el acosado no quiere hablar con nadie, ofrécele hablar con alguien en su nombre.· Involucra tanta gente como puedas, incluso a otros amigos o compañeros de clase, a padres, maestros, orientador o director. No uses violencia contra los agresores ni trates de vengarte por tu cuenta. Es posible que por hablar o ayudar a alguien, hayas hecho que el agresor quiera irse contra ti.
Algunos consejos de urgencia para las víctimas:
- Ignora al agresor, como si no lo oyeras, ni siquiera lo mires.
- No llores, ni te enfades, ni muestres que te afecta… Eso es lo que el agresor pretende, no le des esa satisfacción. Aun si te sientes verdaderamente mal, no dejes que se te note. Más tarde podrás hablar o escribir sobre tus reacciones.
- Responde al agresor con tranquilidad y firmeza. Di, por ejemplo: «¡no!» «Eso es lo que tu piensas.»
- Si puedes, trata de ironizar o tratar con humor lo que te diga. Por ejemplo. «¡Qué pantalones más ridículos!» y tú dices «¡Gracias! Me alegra que te hayas dado cuenta.»
- Aléjate o corre si es necesario si crees que puede haber peligro. Aléjate de la situación. Vete a un sitio donde haya un adulto.
- Si eres una víctima permanente de los agresores, «lo más importante» que tienes que hacer es: hablar con un adulto.
- Comienza con tus padres. Eso no es «acusar». Es pedir ayuda a las personas que te quieren cuando de verdad las necesitas. Haz que tus padres lo hablen con alguien del colegio, no con los padres del agresor
- Si sientes que no les puedes contar a tus padres o que tus padres no te apoyan de la manera que necesitas, habla con otro adulto en quien confíes: un maestro, el director, el orientador. Si no quieres hablar de ello con nadie a solas, lleva un amigo, hermano. Te ayudará mucho llevar a alguien que haya visto cuando te agreden.
- Haz que al adulto le quede claro que esa situación te afecta profundamente. Especialmente si eres víctima de «agresiones verbales», porque muchos adultos no consideran graves las agresiones verbales. La realidad es que esta clase de agresiones es la que más puede hacer daño.
- Si sientes que no puedes decirle a nadie, trata de escribir una carta contando lo que te sucede. Dásela a un adulto en quien confíes y guarda una copia para ti.
Y siempre recuerda:
- Tú no tienes la culpa de ser agredido.
- Tú no tienes que hacer frente a esta situación sólo
- Recuerda que no eres el del problema. Es el agresor el que tiene el problema.
- Trata a los demás como quieras que te traten a ti. Ayuda al que lo necesite, y cuando tú necesites ayuda, alguien te ayudará.
Es por ello fundamental que entre todos tratemos de hacer prevención, manejando toda la información que podamos y sobretodo transmitiendo esa información tanto en la familia como en el colegio o escuela. No debemos olvidar que el “acosador, intimidador, agresor de hoy puede ser el maltratador de mañana” y que nuestra obligación como padres, profesores y profesionales es evitar que la violencia germine en nuestros niños.
Me gustaría recordar tres frases de Mahatma Gandhi activista hindú de la no violencia que se pueden aplicar a cada uno de los tres protagonistas de este importante problema:
Para el espectador:
“Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”

Para el agresor:
“La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia “

Para la víctima
“No dejes que muera el sol sin que hayan muerto tus rencores”.
ALGUNOS CASOS Y RECOMENDACIONES
HABLANDO DEL MALTRATO ENTRE COMPAÑEROS
A menudo los que están siendo acosados, aquellos con los que se meten y de los que se ríen otros, se sienten tristes, tienen miedo y no cuentan lo que les pasa a nadie. El maltrato se alimenta con el silencio de todos: de los que lo hacen, de quien lo padece, y de quien lo ve y no lo remedia.
Se sabe que la única forma de parar el maltrato entre compañeros es dando a conocer los hechos y los sentimientos y hablando entre todos sobre lo que está ocurriendo. Si se comunica, es más fácil que alguien nos pueda ayudar y nos facilite ideas para detener la agresión.
Si los hechos se hacen públicos, el que se mete con otro tiene que dejar de hacerlo y dar cuenta de sus hechos. No debemos creer que decir la verdad acerca de nuestra indefensión y nuestras preocupaciones es de cobardes. Todo lo contrario: el cobarde es aquél que se ampara en la amenaza y que no da la cara.


DESCRIBIENDO EL MALTRATO
ENTRE COMPAÑEROS



Las relaciones de maltrato se dan cuando alguien hace daño a otra persona de forma repetida.
Así cree hacerse fuerte a los ojos de los demás. Se quiere demostrar que se es importante.

Hay muchas formas diferentes de meterse con un compañero y maltratarlo:

Lograr que el compañero maltratado haga cosas que no quiere hacer y que le pueden traer problemas;
Exigirle dinero;
Hacerle el vacío, consiguiendo que los demás tampoco se relacionen con él o ella;
Insultarle, ponerle motes o apodos, burlarse, reírse de él;
Sembrar rumores, chantajes; chismorrear;
Amenazarle verbalmente o por escrito con notas, mensajes en el móvil o celular...
Darle empujones, coscorrones, pelearse o pegarle.
Cuando un niño o adolescente está siendo acosado, sufre varias de estas situaciones sucesivamente o a la vez, y suele ser un grupo de compañeros el que maltrata, aunque a veces sólo lo hace uno. En ocasiones el chico o chica con el que se meten los demás puede llegar a pensar que tiene la culpa de lo que le ocurre. Puede sentirse tan triste y decepcionado de sus malas relaciones con sus compañeros que tendrá problemas para concentrarse y su rendimiento académico bajará; incluso puede caer en una depresión. En todo caso, su situación personal se convierte en algo que a nadie le gustaría sufrir, y nadie debería sufrirlo.
Los agresores cada vez se sienten más fuertes, se creen más populares y se ven poderosos, pues se les tiene miedo. Su falta de respeto por los otros y su intolerancia hacen que le vayan perdiendo el respeto a más gente, pudiendo llegar a convertirse en los matones de la clase, a los que se les tiene miedo y con los que -en el fondo- nadie quiere estar.
SE METEN CONMIGO MÁS QUE
CON OTROS COMPAÑEROS; ME
GUSTARÍA HACER ALGO”
Algunos chicos y chicas creen que, cuando se meten con ellos, lo mejor es callarse y pasar desapercibido, pero eso a menudo agrava la situación.
Tampoco hay que ir por el mundo desafiando a aquellos que nos gastan una broma o que se meten un poco con nosotros. A veces es mejor evitar una situación que nos pueda resultar difícil.
Pero: Cuando de forma continuada se metan mucho contigo, o con un compañero, debes recordar lo siguiente:
Cuéntaselo a alguien: a un amigo, un profesor, al orientador, a tus padres, o pide ayuda a través del 123, esta Línea de Ayuda es gratuita.Tú solo posiblemente no puedas hacer frente a un acoso reiterado de un grupo de compañeros. No es ninguna vergüenza pedir ayuda. Hazlo y te escucharemos.Busca protección en otros compañeros: no andes solo/a; busca amigos/as con quien relacionarte.Respétate a ti mismo/a y piensa que nadie tiene derecho a tratarte mal de forma reiterada y con intención de hacerte daño. Sé firme en la convicción de que tú vales tanto como cualquier otra persona.Intenta no mostrar miedo. En cuanto puedas, expresa tus sentimientos a alguien en quien puedas confiar y que pueda ayudarte a buscar soluciones.
Hazle saber al profesor director de grupo, lo que te pasa y que te gustaría que se hablara de la convivencia en tu grupo clase, sin tener que centrarse en tu problema en particular.Revisa si hay algunas cosas de las que dices o haces que irrita a tus compañeros o no suele gustarles e intenta cambiarlas. Practica otras formas de responder en esas situaciones concretas.
“ALGUNOS COMPAÑEROS ME VEN DIFERENTE... Porque soy de otra raza, país, religión o bien soy diferente físicamente: más gordo, más bajo, más alto, visto diferente... SIENTO QUE SOY CULPABLE DE ALGO ...
¿QUÉ ME PASA?”



“ME GUSTARÍA DECÍRSELO A MIS PADRES O AL PROFESOR, PERO NO SÉ CÓMO HACERLO”


Muchos chicos querrían hablar de los problemas que están sufriendo o que están viendo que sufren otros, pero no se atreven a hacerlo, ni ven el momento adecuado para ello. A veces ni siquiera se atreven a comentarlo con otro compañero, aunque sea su amigo. Les da vergüenza y les duele tener que reconocer que están en una situación de indefensión que refleja debilidad ante alguien que se ha erigido como poderoso. Sin embargo es necesario que el maltrato salga a la luz. Es la única forma de que paren las agresiones.
En ocasiones en el maltrato no se ha producido ninguna agresión física, sino que el temor nace de una amenaza velada o indirecta, como por ejemplo a través del teléfono móvil o Internet, y no se puede determinar con exactitud quién está detrás de ella.

Por eso no se sabe cómo explicarlo. Aún así, es necesario que se cuente, que se hable de ello y que se ayude, tanto al que arremete contra otro como al agredido. Piensa que es muy posible que el agresor necesite contarlo tanto o más que tú, pues necesita aprender a dejar de actuar así con los demás.
Pero, si no sabes cómo contarlo a un adulto o tienes miedo a que te tachen de “lambón”, piensa que no hay ninguna justificación para que sigas sufriendo tú o un compañero, y que los conflictos hay que abordarlos para que se resuelvan.
Por ello te sugiero:
No esperes hasta que el nivel de daño u hostigamiento te haya causado mucho miedo o malestar. Actúa en cuanto sientas que se están pasando contigo, que cada vez son más personas las que te maltratan o lo hacen con más frecuencia o intensidad. Actúa cuanto antes.
Decide a qué adulto o compañero le quieres contar tu problema Busca un momento tranquilo en el que puedas hablar con sinceridad para expresar lo que te pasa. Le debes contar los hechos, tus emociones (lo que sientes, tus inquietudes, tus miedos...), tus deseos... y solicitar ayuda.

Pídele que sea discreto, que no vaya contando a cualquiera lo que te está pasando y que te ayude a trazar un plan para detener el maltrato.
Confía en que, en realidad, casi todo el mundo piensa que no está bien que un compañero sufra por la agresión de otro. Tendrás muchos más apoyos de los que esperas. Cree en ti y en los demás.

“SON COSAS NUESTRAS… SÓLO ES UNA BROMA”



Cuando alguien se mete con otro, una de las frases más usuales para justificarlo es: “era una broma”, o “siempre nos tratamos así” entre compañeros, o “no es para tanto”. Estas palabras suelen encubrir el reconocimiento de que se ha actuado mal, pero no se quiere reconocer la falta. Reconocer los propios errores es el mejor método para demostrar que realmente se quiere cambiar, que se quiere dejar de agredir.

A algunos chicos o chicas les cuesta entender que, al agredir, otros sufren; es decir, que aquello que te hace daño a ti también hace daño a los otros. No entienden el concepto de “empatía”, es decir, la capacidad de ponernos en el lugar del otro y ser capaz de entender sus sentimientos.

A todos nos gusta que los demás nos comprendan y nos traten con respeto. En la amistad hay una situación de igualdad en la que los amigos se gastan bromas, juegan, pero no tienen la intención de hacerse daño. En el caso de que esto ocurra, los amigos se piden perdón y hacen las paces. Así aprenden a tenerse confianza y respeto.
Sin embargo, cuando unos se meten con otros con intención de dañar, les hacen sufrir. Sienten placer al ver que son más fuertes y que pueden humillar con facilidad y continúan haciéndolo. Son incapaces de sentir empatía y aceptar que la otra persona lo está pasando mal.
Cuando sucede esto, estamos ante una situación de maltrato entre compañeros, y quien siga por ese camino, acabará siendo mal visto por los demás y sintiéndose tan mal como aquél a quien agrede. Ya no es “una broma”, es acoso y falta de respeto hacia una persona.
Y SI TÚ TE METES CON OTROS COMPAÑEROS...
Sólo algunos chicos o chicas hacen sentir miedo a los demás. En su comportamiento suelen reproducir una imagen dura y agresiva que no refleja sus sentimientos. Esta “máscara” es más frecuente entre los chicos. Las chicas prefieren formas de maltrato menos manifiestas: sembrar rumores, hablar mal de alguien, excluir de su círculo de amistades…

Con frecuencia quien se mete con los demás suele tener problemas en casa, o reproduce un comportamiento agresivo que ve en su entorno, o simplemente no sabe controlarse. Si éste es tu caso, seguramente lo estás pasando mal y en el fondo te sientes inseguro, pero quieres demostrar dureza ante los demás. La agresión reiterada acabará volviéndose en tu contra y haciéndote daño a ti también.
Por ello ten en cuenta lo siguiente:
No creas que la gente te respeta por asustarla. Simplemente te tiene miedo, pero no eres realmente aceptado.
Busca el respeto de los demás, no el dominio sobre los demás.
No te conformes con tu forma de actuar. Intenta cambiar tus reacciones agresivas y fíjate en cómo actúan otras personas en las mismas circunstancias.
Date cuenta de que a corto plazo es posible que ganes, pero a largo plazo, si continúas metiéndote con otras personas, tendrás muchos problemas en la vida. La agresión tiene consecuencias que tarde o temprano tendrás que asumir.

Pide ayuda a algún profesor, orientador o tutor si tienes problemas familiares. Si te encuentras mal o necesitas hablar de tus problemas con alguien, confía en los demás.
Piensa en el daño que les estás haciendo a los otros. Ponte en su lugar e intenta imaginar cómo te sentirías tú.

Si tus amigos refuerzan tus tendencias violentas y te retan a actuar a veces como un matón, busca nuevas amistades y retírate poco a poco de ellos.
Cuando te sientas enfadado y no puedas controlar tu ira, respira hondo e intenta autocontrolarte. Cuenta hasta cinco antes de actuar y, si te es posible, retírate a un lugar tranquilo en el que puedas desahogarte.
“A VECES ACOMPAÑO A QUIENES INSTIGAN A OTROS COMPAÑEROS E INCLUSO ME METO TAMBIÉN CON ALGUNO, PERO NO PARTICIPO ACTIVAMENTE. SOMOS SÓLO UN GRUPO DE AMIGOS QUE NOS LO PASAMOS BIEN”
Una de las claves del maltrato es la acción en grupo. Se suele empezar con simples bromas (por ejemplo, poner un apodo ofensivo). Después se forma un grupo que repite la ofensa insistentemente. Poco a poco se van incrementando la intensidad y gravedad de las acciones.
En estos casos suele haber un líder (el que más acosa, tiene más ideas para hacer daño,...) que se ampara en el grupo, se siente arropado y protegido. Conforme avanzan en su acoso, los grupos de agresores se cierran más al resto de los compañeros, y utilizan a la víctima como una forma de reforzar la sensación de pertenecer a su grupo.
Sus acciones encuentran a veces reflejo en la actuación de los demás. Así, quien quiera entrar en el grupo de agresores puede maltratar igualmente a la víctima para poder ser admitido. Incluso puede llegar a formarse un segundo grupo que, sin agredir con la intensidad que el primero, empiece a meterse también con la víctima; así sienten que adquieren su parcela de poder.
Todo esto causa miedo entre los compañeros. Los observadores que ríen las “gracias” y los que no denuncian lo que están viendo, refuerzan las acciones intimidatorias del grupo de agresores. Si participas de cualquiera de estas formas en situaciones de maltrato, estás animando a que se formen grupos que acosen a los demás.
“YO NO LO HAGO PERO SÉ QUIÉN LO ESTÁ HACIENDO… Y QUIÉN LO PADECE. ME GUSTARÍA QUE NO LO HICIERAN, PERO NO SÉ BIEN QUÉ HACER PARA AYUDAR AL CHICO/A CON EL QUE SE METEN”Hacer frente a las situaciones de maltrato puede dar miedo, pues tendemos a pensar que si ayudamos al chico o chica con el que se están metiendo, nos vamos a convertir también en un objetivo. Sin embargo, si te mantienes en silencio, tu actitud será interpretada como aprobación del acoso y te convertirás indirectamente en parte de los que acosan.
También es verdad que, en ocasiones, no sabes bien quién empezó a meterse con quién, especialmente si el acosado a su vez se mete con otros, y entonces piensas que es más sencillo no meterse en problemas.
Pero hay muchas formas de ayudar sin tener que enfrentarte frontalmente con los agresores. Te sugerimos las siguientes estrategias:
No rías las gracias de los que se meten con otros.Habla con el compañero acosado y pregúntale cómo se siente y lo que está ocurriendo.Comenta con un profesor de confianza lo que estás viendo.Cuenta en casa la situación y busca consejo en tus padres.En caso de agresiones reiteradas o de intensidad muy grave (pelea, vejaciones, robos, agresiones en los vestuarios del gimnasio, persecuciones a la salida de clase, amenazas graves, u otras acciones que puedan causar mucho daño), avisa inmediatamente a un adulto.Propón la discusión de este tema en clase como preocupación del grupo.Crea, con la ayuda del Director de grupo, un grupo de voluntarios que ayuden a posibles víctimas.Redacta entre todos, en clase, un código de respeto entre compañeros.No calles: Es tolerancia hacia el agresor.
“ME GUSTARÍA HACER ALGO PARA QUE ESTAS COSAS NO OCURRIERAN EN MI ESCUELA”
El maltrato entre compañeros se da en todas las escuelas con mayor o menor intensidad. Si los profesores, los padres y los alumnos son conscientes de que el maltrato existe; si han hablado sobre el tema y todo el mundo tiene claro lo que es tolerable y lo que no en las relaciones entre compañeros: el maltrato será mucho más leve, porque se podrá hablar con facilidad sobre lo que nos hace sentir mal.

No todas las escuelas actúan igual y no todas lo consideran un tema de especial interés. En algunos lugares piensan que no se produce maltrato alguno.
Sin embargo, olvidan que se puede maltratar de formas muy sutiles (amenazas, chismes, exclusión o rechazo...), que también son formas de herir y de acosar a otros.

Tú puedes ayudar a que no se produzcan estas situaciones. ¿Cómo?:
Siendo crítico con este tipo de comportamientos y no permitiendo que las bromas se conviertan en agresión intencionada y, sobre todo, no participando ni callándote cuando vea que se está haciendo.
ÓSCAR AUGUSTO CAMPUZANO GARZÓN